Necesitas hacerlo



#UsaTuBiblia

—Aprendes de la Palabra de Dios...


Muchos creen que no pueden entender la voluntad de Dios. Incluso algunos cristianos piensan que partes de la Biblia (tal vez muchas), son algo misteriosas para comprenderlas (o demasiado). Como resultado, las personas no dedican su tiempo ni atención a leer y contemplar la Palabra de Dios. Sin embargo, la Biblia nos dice repetidamente: podemos entender la voluntad de Dios y hacerla.


  1. Moisés dijo:

No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos? Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos? Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.

Deuteronomio 30:12–14 (RVR60)


Aprendemos varias lecciones:

A. La voluntad de Dios no es misteriosa o lejana.

Dios es el Creador tanto del hombre como de la Biblia. Diseñó lo último para el primero; por lo tanto, van juntos. El sentido común y la lógica nos dicen que si Dios se tomó la molestia de inspirar a los hombres a escribir la Biblia y preservarla a través de Su providencia, entonces está destinada a ser utilizada por el hombre. El salmista nos dice: “Meditaré en tus preceptos y contemplaré tus caminos” (Salmo 119:15). 


Si creemos que la Biblia es demasiado misteriosa para que la medite el hombre común, en un sentido acusamos a Dios de fracaso. 

—¿Quién podría hacer eso?


B. Los mandamientos de Dios no están lejos. 

Probablemente tengas una Biblia o dos a la mano, al menos una en casa. La Palabra no está encerrada dentro de una bóveda en algún lugar lejano, donde sólo se le permite su uso a unos pocos privilegiados. Se encuentra disponible por todas partes: el libro de mayor circulación en Occidente. Jesús predijo de Su mensaje: “… y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).

—¡La Palabra está cerca!


  1. Santiago advirtió sobre el saber y el hacer:

Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.

Santiago 1:21–25 (RVR60)


Consideremos:

A. ¿Demasiado difícil de hacer? Si así fuera, Dios se burla de nosotros al darnos algo qué hacer que no podemos hacer. 

B. ¿Reconoces la excusa: "así soy yo, no puedo evitarlo"? Así culpamos a Dios por nuestros pecados. Él no nos creó con una inclinación al pecado. Lo aprendimos por nuestra cuenta. Y es hora de desaprenderlo.

—Necesitas hacerlo


Porque la Palabra de Dios es comprensible y cercana, nuestro deber (como cristianos) es cumplirla. Muchos en la fe creemos que agradamos a Dios sólo porque conocemos la verdad, porque la entendemos y podemos contársela a otros. Podemos señalar los errores del mundo religioso “denominacional” y la errada doctrina del “premilenialismo”. Pero, fallamos como esposos, esposas y padres (Efesios 5:22-6:4). Toleramos y escuchamos inmundicias (Filipenses 4:8). Maldecimos, lanzamos ataques y murmuramos (Colosenses 3:8; 1 Corintios 10:10).

—Pero, "sabemos" la verdad. Y debemos tornar a hacer la voluntad de Dios. 


La Palabra de Dios (Su voluntad) no es demasiado misteriosa ni lejana, para nadie. Es accesible y comprensible. Por lo tanto, no tenemos excusa. Estamos obligados a conocerla y hacer la práctica. 


Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará. 

Santiago 4:8–10 (RVR60)


#UsoMiBiblia!


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