Adoración diseñada por Dios (1)

Introducción

La adoración personal como la colectiva son importantes para DiosÉl examinó cuidadosamente la adoración de Caín y Abel desde el Génesis. Los patriarcas que construyeron altares en apoyo de sus oraciones y sacrificios personales han sido recordados por el pueblo de Dios a lo largo de su historia. Sacerdotes levíticos que ofrecieron "fuego extraño" al Señor resultaron consumidos en su adoración no autorizada, resultado de la ira divina. Los reyes que asumieron atribuciones del culto reservadas a los sacerdotes fueron depuestos. Los profetas que llamaron al pueblo a regresar a Dios y buscaron que el pueblo de Dios se postrara ante Él fueron bendecidos.

 

Podemos ver en las sagradas Escrituras, que susenseñanzas se dedican tanto a los aspectos positivos como negativos de la adoración. Por tanto, deberíamos comenzar por entendernos a nosotros mismos y al único Dios a quien adoramos. Él es santo, infinito, eterno, omnisciente, omnipotente y omnipresente (Salmo 139). Y nosotros, estamos limitados en todas las formas en que Él no lo está. Merece ser adorado por quien es y por todo lo que Él ha hecho. No mereceríamos el derecho de adorarlo, pero por Su Gracia maravillosa en Jesucristo tenemos el privilegio de presentarnos ante Él sin temor (Hebreos 4:14–16; Efesios 3:12).

 

Desafíos continuos a los patrones simples del cristianismo del Nuevo Testamento surgen dentro de las discusiones relacionadas con la adoración hoy en día (como lo ha sido a través de la historia humana, desde la venida de Jesús y Su Reino). ¿Cuál es el carácter de la predicación del evangelio? ¿Qué esperar de la adoración? ¿El papel de la mujer en el culto público? ¿Celebrar la Cena del Señor? ¿Utilizar instrumentos musicales en la adoración? Un cúmulo de temas presentes parecen centrarse tanto en la adoración, que no dejan espacio para conocer al verdadero Dios de forma correcta.

 

Las enseñanzas de Jesús y sus apóstoles tienen como objetivo instruirnos sobre cómo interpretar fielmente el mensaje del Evangelio. Pero apartados de esos principios, grupos religiosos prefieren los cambios subjetivos y descarados antes que la sana doctrina, con influencias básicamente culturales y materialistas. (1 Timoteo 4:1-3)

 

En esta serie, buscaremos la autoridad bíblica y la voluntad revelada de Dios mismo en cuanto a cómo desea ser adorado.

 

I Adoración

Venid, adoremos y postrémonos;

Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor.

Porque él es nuestro Dios;

Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano.

Salmo 95:6-7 (RVR60)

 

Entre los mejores (y mayoresprivilegios otorgados al hombre por Dios está la oportunidad de adorarlo, de postrarse ante Él en reconocimiento reverente a Su majestad, agradecerle por Su bondad infinita y ofrecerle nuestra continua alabanza. La adoración brinda el sentido correcto a una vida dedicada al servicio de Dios. Todo el que ama y respeta a Dios tendrá la necesidad natural de evitar cualquier forma de "vana adoración" (Mateo 15:9), y sentirá el deber de adorar a Dios "en espíritu y en verdad" (Juan 4:24).

 

“Oh Señor, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra… Cuando considero tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú has ordenado; ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él? (Salmo 8:1, 3-4a). A través de este salmo David hace la pregunta que está en el corazón de toda persona consciente e introspectiva, que se toma el tiempo de reflexionar sobre su mundo y suCreador.

 

Entonces, ¿qué es adoración? Es esencialmente el acto de magnificar la naturaleza de Dios (Salmo 34:3), una respuesta natural a la asombrosa Gracia de Dios. Al admirar el sacrificio que ofreció por rescatarnos del pecado nos debería motivar a ofrecer nuestro propio “sacrificio de alabanza a Dios, es decir, el fruto de nuestros labios que dan gracias a su nombre” (Hebreos13:15). Ofrecerte a Él con una entrega total es el centro de la adoración.

 

II La naturaleza de Dios

1. Dios es infinito. Dios es y siempre ha existido. “¿No lo has sabido? ¿No has escuchado? El Dios eterno, el Señor, el Creador de los confines de la tierra, no se fatiga ni se cansa. Su entendimiento es inescrutable (Isaías 40:28). Todo lo demás es contado desde su creación; sólo Dios siempre ha existido.

2. Dios es inmortal (eterno). Dios existe porque tiene “vida dentro de sí mismo” (Juan 5:26). Es imposible que Dios no sea (conocido por sus cualidades reflejadas en todo lo creado). El hombre tiene un principio y por tanto no es eterno. El hombre posee un espíritu inmortal, pero sólo porque el Dios inmortal lo permite.

3. Dios es omnisciente. Dios conoce todas las cosas: pasado, presente, futuro. “No hay criatura oculta a su vista, sino que todas las cosas están abiertas y descubiertas a los ojos de Aquel con quien tenemos que tratar” (Hebreos 4:13). "Todas las cosas" significa todas las cosas.

4. Dios es omnipresente. Los límites de ubicación, distancia y el tiempo no se aplican al Todopoderoso. Una verdad tan profunda hace que la adoración de los ídolos sea más que ridícula (Isaías 2:26-28). El patriarca Job aprendió la lección de que el hombre no puede escapar de la presencia de Dios.

5. Dios es omnipotente. “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos… Porque él habló y fue hecho” (Salmo33:6a, 9a). El hombre puede poseer una medida de poder, pero es solo una medida, y sólo porque Dios le permite usar las herramientas de lo que ya ha sido creado. Dios, por otro lado, crea de la nada.

6. Dios es santo. La santidad de Dios nos asegura tres cosas. Primero, estamos seguros de su confiabilidad; Dios es moralmente incapaz de engañar (Tito 1:2). Segundo, estamos seguros de que Él es honorable; Dios nunca nos manipulará ni trabajará contra nosotros (Romanos 8:28–39). En tercer lugar, se nos asegura que debido a que Él es Santo, Él es nuestro modelo de perfección (Mateo 5:48).

7. Dios es personal. “Yo soy el Señor tu Dios” (Éxodo 20:2). El "tu" es singular y no como el "todosde los ídolos (plural colectivo). Dios es el Dios de todos pero también es el Dios de cada uno. Dios ama más que al mundo colectivo; Él ama a cada ser humano que camina sobre este planeta. No desea que "ninguno perezca, sino que todos lleguen al arrepentimiento" (2 Pedro 3:9).

8. Dios es soberano. Dios gobierna sobre el reino de la humanidad (Daniel 4:25). Él es el único potentado con el que no hay igual. Nada consuela más a la criatura humana que saber que el Creador tiene el control.

9. Dios no cambia. Los tiempos pueden cambiar, pero el carácter de Dios permanece constante y con Él no hay variación (Salmo 55:19; Santiago 1:17). “Jesucristo es el mismo ayer y hoy, sí y por los siglos” (Hebreos 13:8). En un mundo de cambios, es una fuente de consuelo saber que Dios es constante.

10. Dios es amor(1 Juan 4:7-8)

 

III La naturaleza del Hombre

Dios nos ha puesto límites como Su creación, para recordar que ¡no somos Él! Porque, "Todas las cosas son posibles para Dios" (Lucas 18:27). Nunca dice eso del hombre. “En cuanto a los días de nuestra vida, contienen setenta años, o si por fuerza, ochenta años” (Salmo 90:10). Tenemos límites en nuestra existencia física.

 

Todo lo que el hombre sabe acerca de Dios viene a través de la creación (Salmo 19:1–6) y la revelación (Salmo 19:7–9; Juan 1:18). Una mirada atenta y admirada puede escanear los alrededores y concluir: "Alguien hizo todo esto". Como David lo expresó  tan elocuentemente: “El día a día se derrama habla, y la noche a la noche revela conocimiento... no hay habla, ni hay palabras; su voz no se escucha" (Salmo 19:2-3). Aunque es una declaración silenciosa, sin embargo, abruma los sentidos. ¿Cómo es posible ver la asombrosa belleza y diversidad de nuestroplaneta y dejar de abrazar la verdad de un Dios vivo y todopoderoso? más aún, ¿cómo puede uno estudiar la autenticidad, la supervivencia y la singularidad de la Biblia (la Palabra de Dios) y dejar de tener un sentido profundo de que esto es algo que está más allá de la capacidad humana?

 

Y al final Jesús revelado, la personificación misma de Dios entre los hombres. “Él es el resplandor de su gloria y la representación exacta de su naturaleza” (Hebreos 1:3a). Jesús caminó aquí no sólo como un enviado de Dios, sino como Dios mismo (Juan 1:14). Y la evidencia de Sus afirmaciones no ha sido refutada en más de dos mil años.

 

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