Adoración diseñada por Dios (parte 2)
Introducción
La Biblia comienza de manera simple, directa y objetiva. Moisés, el autor del Pentateuco, abre el libro de los inicios con una simple suposición, asume que las personas pensantes, racionales e inteligentes comprenderán lo obvio: que un Ser Supremo con poder e intelecto ilimitados es el Creador y originador de todo el universo; Moisés creyó activamente. Tan ciertamente como Dios dividió las aguas del Mar Rojo, Él pudo haber separado el agua de la tierra seca al principio. Tan ciertamente como Dios había creado una nación de los lomos de Abraham de cien años, Dios pudo haber creado a la humanidad exactamente como el Espíritu Santo dijo que lo hizo. Ningún hebreo de la época de Moisés que vivió la aventura del éxodo y fue testigo del poder del Todopoderoso, desde los milagros en Egipto hasta el violento temblor del Sinaí, se habría atrevido a dudar. Entonces, el mismo Dios que creó a Israel, de hecho, creó el mundo y todo lo que existe.
La revelación del Autor de la creación es limitada porque el hombre está limitado en lo que puede captar desde el tiempo de la revelación divina. Es por ello que debemosconfiar en Dios más de lo que podemos explicar acerca de Él. Dios siempre ha pedido al hombre que confíe. Como un padre que cuida de sus niños, Dios pide a sus hijos que: confíen y obedezcan. Es un tema que se encuentra impregnado a lo largo de las Escrituras. Dios está diciendo: quizás no puedas definirme y explicarme, pero puedes y debes confiar en Mí. “Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento” (Proverbios 3:5). “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, declara el Señor. Porque como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que tus caminos, y mis pensamientos más altos que tus pensamientos” (Isaías 55:8–9).
I La enseñanza de Dios
No hay palabras precisas que puedan captar la profundidad del amor divino por el hombre, este amor que culminó con la dolorosa muerte de Jesús en la cruz por los pecados del mundo. Verdaderamente, "Jehová ha hecho que la iniquidad de todos nosotros caiga sobre él" (Isaías 53:6). Y hablando de nuestra humanidad, ¿cómo alcanzamos la capacidad de amar? Amamos sólo porque “Él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Incluido en el amor de Dios estabaSu misericordia y fidelidad (Lamentaciones 3:22-23), Sucompasión y gracia (Efesios 2:1-9). Así somos enseñados por Él.
Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor;
y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz,
y puse delante de ellos la comida
Oseas 11:4 (RVR60)
El decisivo problema cuando se trata de conocer a Dios no es encontrar las respuestas correctas, sino comprender las respuestas encontradas en Su Palabra. Aquí radica nuestra mayor lucha. Porque la naturaleza humana tiende a ser controvertida: llevando la imagen de Dios como la suprema obra creadora del cielo, y a la vez, atrapados en nuestras transgresiones y pecados, incapaces de cumplir las instrucciones de Dios (Romanos 3:23). Creados para ser exitosos sobre las obras hechas por Dios, y por elección propia, convertidos en víctimas (Hebreos 2:8b). La misma criatura hecha para ser libre ha caído en esclavitud; el mismo creado para ser rey, convertido en esclavo; el mismo que debía conquistarlo todo, él mismo resulta conquistado.
Pero la obra creadora de Dios no terminó allí… Su plan para el hombre no terminó cuando Adán y Eva salieron del Jardín del Edén. Dios pensó que valía la pena salvar, perdonar y restaurar al hombre. Y es exactamente lo Él que hizo. Todo hombre puede recuperar su dignidad y dominio, pero sólo mediante la aceptación del sacrificio de Aquel que estuvo en su lugar (Hebreos 2: 9). Jesús vino a resolver el problema del pecado y restaurar al hombre a su elevada posición, y lo aprendemos del Maestro divino.
Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no lo trajere;
y yo le resucitaré en el día postrero.
Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios.
Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí.
(Juan 6:44-45)
II Adoración a Dios
Vimos que la adoración es la respuesta natural a la asombrosa gracia de Dios (Salmo 95:6-7). La adoración es esencialmente el acto de magnificar la naturaleza de Dios (Salmo 34:3). Magnificación por definición significa agrandar. El punto es que si bien la naturaleza de Dios no cambia, nuestra percepción de Él sí cambia. Entonces, laadoración expande nuestra visión de Dios. ¿Cómo puedes cantar del Señor “Santo, Santo, Santo” sin que tu visión de Él se expanda? ¿Podrías postrarte en reverencia meditativa ante la mesa del Señor y no tener la imagen clara de Jesús muriendo en la cruz? ¿Y al orar, no resultas asombrado de que el Dios de la Creación te conoce y se preocupa por ti, por tu vida y tu familia? La adoración es nuestra respuesta natural a todo lo relacionado con Él.
Pero, en la búsqueda de la adoración al Creador enfrentamos una continua tentación: ofrecer lo que queremos en lugar de lo que Él quiere. Como el "fuego extraño" de Nadab y Abiú… hasta el abuso de la mesa del Señor por parte de los corintios, el hombre ha tenido la propensión de anteponer su voluntad en lugar de la de Dios (Levítico 10:1-5; 1 Corintios 11:17-22). En un acto de egoísmo supremo dedicaron su “adoración voluntaria” (Colosenses 2:20-23), ofreciendo lo que es de su voluntad en lugar de someterme a la voluntad divina. Algunas cosas no cambian, puedes verlo alrededor de nuestra conducta y actitud frente a esta vida presente. Fue por esta tendencia humana que Dios habló en el Sinaí: “No te harás un ídolo” (Éxodo 20:4a). No tenemos derecho a crear nuestra propia imagen cómoda y políticamente correcta de Dios y adorarla. Pero es lo que se aprecia de la voluntad humana a través de los tiempos. Resultando en la esencia misma de la idolatría en este mundo.
Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios,
ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos,
y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios,
se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible
en semejanza de imagen de hombre corruptible,
de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.
(Romanos 1:21-23 RVR60)
III Dios no cambia
Nos resulta mucho más sencillo moldear a Dios a nuestra imagen antes que a la Suya. Él dice: “Yo soy el Alfarero, tú eres el barro” (Isaías 64:8), pero siempre buscamos que sea al revés. Queremos a un Dios que podamos ver, manejar y manipular a nuestro antojo y bajo nuestros requerimientos subjetivos, uno que nos permita adorarlo de la manera que nos complace, haciendo de Él un elemento trivial, como cualquiera sin importancia en nuestra vida cotidiana. Nos resulta mucho más fácil cambiar a Dios que a nosotros mismos a través de su Palabra, qué grave proceder (Romanos 2.5-11).
Pero Dios no cambia (recordemos Su naturaleza). Por lo tanto, le corresponde al hombre adorar de una manera que traiga gloria al Creador en lugar de al creado. Estosignifica que si el Señor no lo reveló, los apóstoles no lo escribieron y no podemos leerlo como ejemplo aprobado en el Nuevo Testamento, entonces Dios no debe quererlo (1 Corintios 2:9-13; Efesios 3:1-4; 2 Timoteo 3:16-17). Es tan simple, y sin embargo, la falta de aplicación de los principios revelados resultó en controversia y la confusión religiosa a lo largo de los siglos. De los cuales, grupos religiosos en la actualidad hacen una práctica religiosa sesgada, basados en doctrinas y tradiciones humanas antes que ser obedientes a la revelación divina.
La verdadera adoración ocurre cuando tu espíritu responde a Dios (porque Él es quien se merece lo mejor de ti). Y adoramos de manera personal cuando oramos en privado, leemos y meditamos en la Palabra de Dios, cuando cantamos un himno mientras estamos detenidos en el tráfico, cuando compartimos abiertamente nuestra fe a un amigo. “Desde que sale el sol hasta que se pone, sea alabado el nombre del Señor” (Salmo 113:3). “Bendeciré al Señor en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca” (Salmo 34:1). Y además, hay algunas cosas que nuestro Creador manda que Sus hijos hagan cuando adoramos como iglesia: “Hablándonos unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales, alabando y cantando con el corazón al Señor” (Efesios 5:19). Se refiere a una reunión colectiva. “Y el primer día de la semana cuando nos reunimos…” (Hechos 20:7). Señala una reunión colectiva. “Y se dedicaban continuamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión unos con otros, al partimiento del pan y a la oración” (Hechos 2:42). Implica una reunión colectiva.
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