OBRA DE DIOS: SU PUEBLO (1)
Obra de Dios: Su pueblo (1)
1 Pedro 2:9–12
#UsaTuBiblia
—Aprendes de la Palabra de Dios...
Introducción
A través de la Biblia vemos a Dios deseando tener una relación con los hombres y morar con ellos. Difícil de comprender, que Dios quiera ser nuestro Dios y tenernos como su pueblo, ¿lo has pensado alguna vez?
El pueblo de Dios del AT (Israel) no cumplió lo que Él deseaba, leemos allí sobre su formación, conflictos, infidelidad, caída y destrucción. Y también aprendemos de un nuevo pueblo que Dios crearía. En Isaías, Jeremías, Ezequiel y Zacarías se anuncia que este nuevo pueblo se convertiría en lo que Dios tuvo en mente desde el principio. A continuación, dos pasajes nos muestran un contraste entre el pueblo de Dios en el AT y el pueblo de Dios en el Nuevo Testamento.
El Señor dice: «A decir verdad, este pueblo se acerca a mí con la boca, y me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí; el temor que de mí tiene no es más que un mandamiento humano, que le ha sido enseñado. Por eso, volveré a despertar la admiración de este pueblo con un prodigio impresionante y maravilloso. Quedará deshecha la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la inteligencia de sus entendidos.»
—Isaías 29:13–14 (RVC)
Esparciré agua limpia sobre ustedes, y ustedes quedarán limpios de todas sus impurezas, pues los limpiaré de todos sus ídolos. Les daré un corazón nuevo, y pondré en ustedes un espíritu nuevo; les quitaré el corazón de piedra que ahora tienen, y les daré un corazón sensible. Pondré en ustedes mi espíritu, y haré que cumplan mis estatutos, y que obedezcan y pongan en práctica mis preceptos.
—Ezequiel 36:25–27 (RVC)
Veremos cómo dicen los escritores del NT que somos este pueblo renovado, con un corazón nuevo. El apóstol Pedro nos describe como el pueblo de Dios en 1 Pedro 2.
Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anuncien los hechos maravillosos de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. Antes, ustedes no eran un pueblo; ¡pero ahora son el pueblo de Dios!; antes no habían sido compadecidos, pero ahora ya han sido compadecidos.
—1 Pedro 2:9-10 (RVC)
A. Descripciones del pueblo de Dios
Pedro describe para nosotros cómo es el pueblo de Dios llamándolo elegidos, sacerdotes reales y santos. ¿Qué significan estas cosas para nosotros? ¿Y, nos vemos de esta manera?
—Un linaje elegido, Su posesión
Primero vemos que Dios eligió un pueblo. Desde el principio Dios tuvo este deseo de elegir al hombre con el propósito de llevar su imagen. Quería que la humanidad hablara con él y quería bendecir a la humanidad de una forma que no merecían.
En el AT parece que Dios elige a Abraham como mostrando algún sesgo hacia sus descendientes, los que ni siquiera habían nacido. Pero Israel no era el pueblo que Dios tenía en mente cuando hizo estas promesas a Abraham. Pablo nos dice en Gálatas y en Romanos que la descendencia de Abraham no depende de la ascendencia, sino de aquellos que siguen la fe, la esperanza y el amor de Abraham hacia Dios.
Porque si Abrahán hubiera sido justificado por las obras, tendría de qué jactarse, pero no delante de Dios. Pues ¿qué es lo que dice la Escritura? Que Abrahán le creyó a Dios, y esto se le tomó en cuenta como justicia.
—Romanos 4:2–3 (RVC)
Sepan, por tanto, que los que son de la fe son hijos de Abrahán. Y la Escritura, al prever que Dios habría de justificar por la fe a los no judíos, dio de antemano la buena nueva a Abrahán, cuando dijo: «En ti serán benditas todas las naciones.» De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abrahán.
—Gálatas 3:7–9 (RVC)
Dios no elige a su pueblo en función a su raza o en quién es su padre. No le preocupan las apariencias físicas, externas o terrenales. Su medida es como la selección de David por Samuel. Él elige en función de lo interno.
Proporcionó un evangelio que eliminaría a aquellos con un corazón orgulloso y a aquellos que simplemente están enfocados en lo externo. La verdad de la cruz parece una locura para aquellos que no tienen el corazón correcto. (1 Corintios 1:20-25). Es su forma de “filtrar” a los deshonestos. Puede que haya muchos, millones de personas que vayan a la iglesia y se llamen cristianas, pero Dios conoce a los que son suyos.
Ciertamente, en otro tiempo, cuando ustedes no conocían a Dios, servían a los que por naturaleza no son dioses; pero ahora que conocen a Dios, o más bien, que Dios los conoce a ustedes, ¿cómo es que han vuelto de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales quieren volver a esclavizarse?
—Gálatas 4:8–9 (RVC)
Pero el fundamento de Dios está firme, y tiene este sello: «El Señor conoce a los que son suyos»; y: «Que se aparte de la iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.»
—2 Timoteo 2:19 (RVC)
Dios los llama su posesión porque no está dispuesto a compartir su pueblo con este mundo. Él quiere ser su único Dios y quiere que reconozcan que son especiales para él. Los atesora como propios. Le pertenecen. Los ama lo suficiente como para pagar un precio muy alto para redimirlos del mundo. Y significa que Su pueblo debe considerarse perteneciente a Dios.
Ustedes saben que fueron rescatados de una vida sin sentido, la cual heredaron de sus padres; y que ese rescate no se pagó con cosas corruptibles, como el oro y la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, sin mancha y sin contaminación, como la de un cordero…
—1 Pedro 1:18–19 (RVC)
Debemos ver que nuestras vidas ya no pertenecen a nosotros mismos. Pertenecemos a Dios como Su posesión. Él ha hecho un camino para que seamos suyos y espera que permanezcamos así.
¿Deseamos pertenecer a Dios? Si somos el pueblo de Dios, tenemos fe en Su Hijo: Jesucristo. Deseamos conocerlo y saber más sobre quién es y qué ha hecho por nosotros. Si somos el pueblo de Dios, deberíamos sentirnos como el pueblo elegido de Dios.
¿Eres parte de la Obra de Dios? ¿Eres parte de Su pueblo? Si no es así, Él espera por ti a través de obedecer Su llamado en el Evangelio.
También ustedes, luego de haber oído la palabra de verdad, que es el evangelio que los lleva a la salvación, y luego de haber creído en él, fueron sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es la garantía de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.
—Efesios 1:13–14 (RVC)
Aunque era Hijo, aprendió a obedecer mediante el sufrimiento; y una vez que alcanzó la perfección, llegó a ser el autor de la salvación eterna para todos los que le obedecen…
—Hebreos 5:8–9 (RVC)
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